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Cosa de corderos y leones

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Cosa de corderos y leones

Mensaje por Samwell H. Summers el Dom Ago 03, 2014 10:50 pm

Era una tarde bastante calurosa. El ocaso estaba por llegar y de este modo el sol se escondería hasta dar inicio a un nuevo día. Sin embargo, Summers no estaba apurado, llevaba su campera de cuero negra, desgastada por el uso y el tiempo. Caminaba con tranquilidad. Estaba investigando y recogiendo un par de testimonios de un caso viejo. Que no estaba perdido pero que no apresuraba a nadie. Al fin y al cabo, la persona no había muerto pero casualmente no recordaba nada realmente útil.

No se evidenciaba para nada que era un policía, ya que no iba uniformado ni con nada a la vista. Lógicamente tampoco llevaba un cartel en la frente que rezara: Policía de Nueva York.
Había aprovechado el tener que salir a hacer un recorrido. Hacía poco percibía en su auto que el motor no hacía el mismo ruido que antes y cuando lo revisó, descubrió que necesitaba una manguera nueva para el agua y una pieza necesitaba cambiarse porque estaba muy gastada, sobrexigida. Por lo que se detuvo en una tienda de State Island, que no conocía. Decidido a preguntar por las piezas, total no perdía nada. Pero en eso, cuando estaba caminando por la acera, una figura choca contra él y lo fulmina con la mirada. Era una mujer. Pero rápido busca emprender la huída. Veloz de reflejos, Samwell la toma de la muñeca y la detiene, impidiéndole irse. —¡Hey! ¿Por qué tanto apuro?— inquirió burlón el detective mientras miraba a todos lados buscando si la perseguían o algo que le explicara por qué esa chica corría. Algo le decía que no se había portado, precisamente bien. —¿Ni un "discúlpame" me dirás?— inquirió reprochándole el rubicundo joven mientras volteaba a verla de nuevo.
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Re: Cosa de corderos y leones

Mensaje por Foxx Ballato el Miér Ago 06, 2014 2:44 pm


Cosa de corderos y leones

Foxx tenía los ojos clavados en el techo de su habitación, el cual mostraba manchas enormes de humedad a causa de la raída pintura. El lugar estaba en penumbras, las persianas estaban bajas, pero aún así se filtraban por las rendijas de éstas los rayos del sol del mediodía. Había estado en cama todo el día, no había abierto el taller. No se sentía de humor, en absoluto. No había sido capaz de pegar un ojo en toda la noche y lo más probable era que si se acercaba a un auto no hiciera más que desastres, metiéndose en nada más que problemas. Así que la mejor decisión era tomarse un descanso ese día, no estresarse y poner sus pensamientos en orden, pues parecían estar demasiado dispersos, provocando que su cabeza quisiera estallar en mil pedazos. El dolor era casi insoportable, pero se negaba a tomar una pastilla para aliviarlo. Las únicas pastillas que tomaba eran las que la hacían alucinar o las que la noqueaban, ninguna otra. De repente, un sabor salino se apoderó de su boca y supo qué era lo siguiente. Se levantó corriendo de la cama, directo al baño, y vomitó lo poco que había comido la noche anterior. Maldita migraña. Aprovechó el estar allí para darse un buen baño de agua caliente e intentar relajarse, ya volvería a la cama... o no.

El casi encuentro en Queens pocos días atrás no le permitía conciliar el sueño. Amelia estaba inquieta en su interior, reclamándole a Foxx que tomara cartas en el asunto. Era obvio que, habiéndose trasladado a Brooklyn, en algún momento iba a toparse con él. Pero nunca imaginó que él prepararía una emboscada para ella. Jamás se le cruzó por la mente a la supuestamente astuta Foxx que el muchacho que tanto mal le había hecho en su pasado volvería a buscarla. Y, aún peor, que sabría dónde encontrarla. Pensó en esto mientras sentía el agua recorrerle el cuerpo, intentando relajar la enorme tensión que sentían sus músculos, en vano. Se masajeó con ambas manos los hombros, pero fue inútil. Su cuerpo estaba duro como una tabla, como el de un animal en guardia, listo para atacar. Así se sentía ella.  

Salió de la ducha sin siquiera secarse, pues no sabía dónde había dejado su toalla. Chorreando agua llegó a su habitación y supo que ya no volvería a la cama. Foxx odiaba perder su tiempo y, si no iba a trabajar ese día en el taller, iba a hacer alguna que otra averiguación. Ella era de esas chicas que no podían quedarse de brazos cruzados esperando a que las respuestas le llegasen, ella buscaba lo que quería y lo obtenía a toda costa. Nada era entregado en bandeja de plata a una persona como ella y tampoco quería que así lo fuera. A ella le gustaba buscar, luchar por cada cosa que tenía, saber que todo se lo había ganado con sangre, sudor y lágrimas. En especial sangre. Cuanta más sangre, mejor. Se colocó unos shorts de jean de tiro alto, una vieja blusa gris abotonada hasta el nacimiento de su estómago, la cual tenía algún que otro agujero, y se calzó un par de botas vaqueras con un pequeño tacón. Ni siquiera se gastó en secar su cabello, le gustaba que luciera desordenado y rebelde.

Fue hacia el taller, donde guardaba un mapa de la ciudad, y se sentó en su silla frente a una mesa de madera, con el mapa abierto y un bolígrafo en mano. Frunció el entrecejo mientras intentaba hacer memoria de dónde se encontraban los últimos clientes que había atendido. Ella, sin que ellos lo supieran, hacía un seguimiento de los clientes que parecían más sospechosos, más que nada para asegurarse que no fueran tigres, pero siempre encontraba algo interesante. No los acosaba per sé, pero los tenía en la mira, por si acaso. Y finalmente recordó a ese par de chicos, desgarbados y serios, quienes habían llegado con un auto que claramente no les pertenecía. Habían tenido un supuesto accidente, pero era obvio que lo habían sacado del cementerio de autos de... ¡Staten Island! Claro, la única parte de la ciudad donde se encontraba un lugar para abandonar autos que ya no tenían salvación. Había una razón por la que ellos le habían mentido, y ella iba a averiguar cuál era.

Así que sin darle más vueltas al asunto e ignorando el punzante dolor de cabeza, se subió al autobús y salió destino a Staten Island. Ella tenía su propio auto, claro que sí, pero lo utilizaba sólo en casos de emergencia. No quería que nadie lo reconociera. Cuando llegó, se metió en un callejón para revisar en mapa, el cual había guardado en su bolsillo trasero. Si no se equivocaba, estaba tan sólo a un par de cuadras del cementerio. Con cautela y mirando hacia todos lados, caminó con velocidad hacia el lugar. Pero, estando a unos metros de la entrada, los vio. A ellos hablando con un montón de chicos más. Todos giraron la cabeza en su dirección de repente y se quedaron viéndola. Fue cuando cayó en cuenta del sonido que provocaba el tacón de sus botas. Fue cuestión de segundos para que Foxx reaccionara, volteara y comenzara a correr, mientras escuchaba que el grupo de muchachos iba tras ella. De acuerdo, debía admitirlo, no había sido su plan más brillante.

Apartaba a las personas de su camino con brusquedad, tirando a un par de personas al suelo, incluso. No estaba segura en qué clase de lío se había metido esta vez, pero estaba desarmada y fuera de su territorio, por lo que le tocaba huir y esconderse. No era su plan preferido, jamás lo era, pero era el más sabio. Giró en un par de esquinas tratando de perderlos y, justo cuando creyó que finalmente se había librado de ellos, chocó contra alguien. El hombre quedó sorprendido, mientras que Foxx lo fulminaba con la mirada e intentaba emprender la huida nuevamente. No había tiempo que perder. Sin embargo, un fuerte agarre le impidió seguir corriendo. Sus ojos se transformaron en un claro reflejo de cólera irrefrenable y, sin emitir un sonido, tomó impulso con todo su cuerpo y le dio un cabezaso. La rubia necesitaba salir de allí cuanto antes, no tenía tiempo para jugar con un desconocido.


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