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With a thousand lies and a good disguise ▬ ross krumm.

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Mensaje por Foxx Ballato el Miér Jul 16, 2014 1:00 am


With a thousand lies and a good disguise

El taconeo de sus zapatos altos aterciopelados se hacía oír por sobre el ruido de las ajetreadas avenidas de Manhattan. Caminaba por las calles del Upper East Side, calles que conocía de memoria, envuelta en un tapado de color rojo intenso. Del mismo color estaban pintados sus labios, los cuales resaltaban carnosos, de los que nadie se imaginaban las palabras que podían emitir esa noche. Sus ojos estaban delineados por gruesas líneas color negro, lo que acentuaba el verde intenso de estos. Pero ella sabía que si quería caminar tranquila por el Upper East Side, sabía que si quería concretar lo que tenía en mente para esa noche, era necesario disimular un poco más su apariencia. Por lo que se había colocado una peluca de color negro azabache, como la noche que se había apoderado de Manhattan. Ésta era larga hasta la altura de sus hombros, tal vez un poco más, y tenía un flequillo que llegaba hasta sus cejas. Cualquiera que la mirase dos veces con detenimiento podría reconocerla, ya que su rostro aún conservaba las facciones de su adolescencia, pero al menos su cabellera rubia no llamaría tanto la atención en el lugar al que se dirigía. Una leve brisa se colaba entre sus largas y estilizadas piernas, las cuales iban sin abrigo alguno, pues el vestido que llevaba bajo el tapado sólo llegaba a cubrir hasta por debajo de sus glúteos. Sin embargo, no tenía frío. Era una agradable noche a fines del verano.  

¿Qué buscaba? Aún no estaba del todo segura. Sabía que la gente que había arruinado su vida no se encontraría en aquel lugar, pero aún así un extraño sentimiento la había arrastrado a querer volver allí. Al vecindario en donde ella había abandonado una vida llena de lujos, una vida fácil, una vida falsa. Odiaba Manhattan, tan sólo pensar en el Upper East Side le provocaba arcadas pero ella, fiel a su instinto, había seguido aquel sentimiento que había nacido esa noche y se había colocado un nuevo disfraz, para enfrentar a aquellas nuevas viejas caras que alguna vez habían formado parte de ella.

Finalmente llegó al recinto. La discoteca más popular del momento, según sus averiguaciones. La discoteca a donde todos sus ex compañeros de clase asistían. Una larga fila de personas se formaba fuera del lugar, todos ansiosos por poder tener acceso a aquel exclusivo sitio. Los chicos vestían jeans y camisas polo; las chicas, vestidos cortos y apretados, como el de ella. Analizó todo desde el otro lado de la calle, buscando una forma de acceder rápidamente. Había un enorme hombre en la puerta con una lista en la mano, rechazando a demasiadas personas, incluyendo a mujeres bastante sensuales. Foxx arqueó una ceja, aquello no sería fácil. Pero a ella le encantaban los desafíos. Agudizó todos sus sentidos, y por el rabillo del ojo pudo captar algo que llamó su atención. Otros dos hombres, vestidos de negro, llevaban grandes cajas cargadas de botellas de whisky y daban vuelta a la manzana. No lo dudó y cruzó, siguiéndolos a una distancia prudente y procurando que sus tacones no produjeran demasiado ruido. Pero los hombres iban bastante metidos en su conversación como para prestarle atención a los sonidos callejeros.

Dieron la vuelta en la otra esquina y Foxx los observó meterse por una puerta trasera, vigilada por un hombre de color, bastante grande también. Era hora de actuar. Caminó con decisión hacia el hombre y éste, al verla aproximarse, bloqueó la puerta, dándole a entender que no había forma de que pudiese entrar. Foxx se limitó a sonreír seductoramente y lo observó con un brillo lleno de picardía en los ojos, provocando que el hombre se mordiera el labio inferior.
- No te preocupes, no es como si no fuera a pagarte la entrada. Simplemente no quiero perder mi tiempo haciendo fila -musitó en un ronroneo, mientras abría lentamente su tapado sin dejar de observarlo fijamente a los ojos. A la vista quedó un vestido negro de tela similar al cuero, que brillaba bajo las tenues luces de la vereda. Más que un vestido, era como una segunda piel, ya que era extremadamente apretado y dejaba poco y nada a la imaginación. Marcaba a la perfección cada una de sus curvas, y en medio tenía un cierre que llegaba hasta abajo del todo, para quitárselo con más facilidad. El hombre no habló, se limitó a recorrer su cuerpo con la mirada y tragar saliva. Foxx dejó escapar una risa coqueta, fingida, y abrió el cierre dejando a la luz su sostén, de encaje y color rojo. Tomó la mano del hombre y la dirigió a uno de sus senos, en donde tenía un poco de dinero- ¿Eso será suficiente? -preguntó divertida. Él no pudo hacer más que asentir, pasmado, y se apartó de la puerta para dejarla pasar.

Había sido más fácil de lo que ella había pensado. Una vez que estuvo en el depósito, se subió el cierre del vestido, se quitó el tapado, dejándolo allí y se dirigió directo a la pista de baile. Sus ojos fueron pasando de cara en cara rápidamente, no quería mantener el contacto visual con nadie por mucho tiempo. Reconoció a unas cuantas personas, Foxx tenía una gran memoria. Pero sintió demasiadas miradas clavadas en ella, más de las que necesitaba esa noche. No era la más llamativa allí, las muchachas del Upper East Side se desesperaban por llamar la atención con sus cuerpos esculturales construidos por los más caros cirujanos plásticos. Pero sí era la más misteriosa y sabía que eso podía causarle problemas. Buscó rápidamente una cara desconocida y la encontró en un chico rubio que estaba apoyado contra la barra. Clavó la vista en él como un león en su presa, tan sólo para simular que se dirigía a saludar a alguien y se apresuró a moverse entre la masa de cuerpos que se movían al ritmo de la música pop. Al llegar a la barra, se colocó a su lado y le pidió al bartender un Sex On The Beach, haciéndose la desentendida, como si en realidad el rubio no hubiera estado en su campo visual en ningún momento.       

Ross Krumm | Discoteca | 1:30 a.m. | Sábado

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Re: With a thousand lies and a good disguise ▬ ross krumm.

Mensaje por Ross Krumm el Miér Jul 16, 2014 2:29 pm

El joven Krumm debía llevar algo parecido a lo que muchos llamarían una doble vida. Debía ser el Ross del que ahora su padre parecía estar orgulloso, para que así los productos químicos para su propia fabricación pudieran ser tomados de la empresa de su padre y no tener que recurrir a otros métodos de recopilación. Al fin y al cabo, él mismo llevaba la administración de aquel pequeño taller, por lo que pedir material de más no era una cosa que nadie fuese a notar, y de ocurrir aquello, no tenía porque dar explicaciones; al hijo del jefe no se le pedían explicaciones. Los demás podían pensar que era el típico niño pijo mimado, de buena familiar, consentido y malcriado durante muchos años. Le convenía que aquel circulo de inútiles pensara eso de él, así nadie sospecharía de lo que realmente ocurría en su vida. Por suerte, Ross tenía un carácter que sabía moldearse a las situaciones, era versátil y el quién, el dónde y el cuándo influían de buena manera en su personalidad, lo que le ayudaba a que nadie pudiera imaginarse que el simpático del rubio pudiera tener en el bolsillo de su chaqueta una bolsa pequeña de anfetaminas en la discoteca de más prestigio de Manhattan. Había sido un error estúpido y lo sabía, desde que había tocado el bolsillo de la chaqueta en busca de su mechero y percibió el roce de las pequeñas pastillas, su humor cambio para mal. La noche anterior había salido con el mismo abrigo, en busca de algún imbécil con ganas de drogarse, sin importarle lo que le dieran; era un material malo lo que cargaba encima, excesivamente malo. No sabía que mal cálculo había hecho mientras las cocinaba o si era algunos de los productos que habían venido en mal estado. Lo que más le preocupaba era que estaba rodeado de un grupo de conocidos que vivían la vida con demasiada rectitud, viejos compañeros del posgrado que había hecho cuando llego a América, cada uno de ellos con puestos importantes, muchos ya casados y otros que se dedicaban a salir los sábados por la noche a ver que trozo de carne podían pillar. No le desagradaban del todo, era hombres inteligentes de los que había aprendido cuestiones interesantes sobre la química en aquellas conversaciones que duraban horas, cuestiones que le habían ayudado a mejorar en la cocina; recomendaciones de libros, documentales y demases que en principio solo le ayudarían a ampliar conocimientos. Conocimientos que luego Ross pudo llevar a la práctica.
La conversación caía en temas banales por momentos. Estaban demasiado preocupados por las mujeres que les rodeaban, con aquellos vestidos excesivamente ajustados. Se había preguntado entre ellos como era posible que pudiera respirar con aquel trozo de tela tan absorbido a sus pieles, la preguntaba había dado vueltas por más de media hora en el grupo, acabando con carcajadas y respuestas incoherentes. Ross había reído y aportado su comentario machista, pero sin dejar de pensar en lo que estaba en su bolsillo. Parecía despreocupado, aunque su mente era un constante remolino de pensamientos y sus ojos, de manera disimulada, vagueaban por el lugar, temeroso de que un guardia de seguridad o lo que fuese se acercara a ellos. Podía irse, pero no tenían más de media hora allí, la noche era joven y no quería levantar ningún pensamiento extraño entre aquel grupo. Algo que le alivio fue que, al entrar, no se les registraran, pues al parecer uno de los muchachos con los que iba –el que no despertaba ningún tipo de interés en el alemán- frecuentaba aquel sitio lo bastante a menudo como para hacerse amigo de los seguratas, dejándole entrar a él y a quien lo acompañase sin tener que hacer cola, quizá pagando un poco más, pero el dinero no era algo que les molestase despilfarrar. Los abucheos que levantaron aquel grupo de muchachos bien vestidos en la cola, se escucharon incluso cuando ya estaban dentro. Las mujeres lograrían entrar tarde o temprano si tenían lo suficiente que mostrar, los hombres no lo tendrían tan fácil. Culpa de las mujeres, por no saber que más hacer para llamar la atención. Alguna de ellas había mirado al rubio una vez que estuvieron sentados alrededor de una mesa de cristal, guiñándole el ojo mientras restregaban sus cuerpos entre ellas y se tocaban partes que solo un hombre debía tocar. Si Ross estaba seguro de algo, era que no pensaba tocar ni a una sola mujer de aquel sitio, la mayoría le recordaban a aquellas que había visto colocándose de rodillas y abriendo la boca para ganarse una raya de coca; las de aquel local no eran muy distintas. No quería ni imaginarse, además, el dinero que habían invertido para tener tales cuerpos que ya ni parecían naturales.
Negó la cabeza, mientras se dirigía hasta la barra para pedir otra botella. Necesitaba un minuto alejado de aquel espectáculo de siliconas. Fue hasta la barra, quitándose de encima a un par de mujeres. Una vez allí, pidió una botella del mejor whisky. Ross solo consumía lo que era de primera calidad. Antes de marcharse, y ya con la botella delante de él, abrió esta y sirvió un poco en el vaso medio vacío. Se bebió el contenido de un solo trago y se sirvió un poco más. Sintió el roce de alguien al colocarse a su lado y miro hacia esa dirección por pura inercia. Una morena de piel clara con un vestido que dejaba muy poco para la imaginación. La miró de arriba abajo, soltando un bufido bajo, antes de volverse hacia el chico detrás de la barra. – Hielo. – inquirió con simpleza acercándole el vaso, sin dejar de divagar sobre el grupo de anfetas que le acompañaban.
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Re: With a thousand lies and a good disguise ▬ ross krumm.

Mensaje por Foxx Ballato el Miér Jul 16, 2014 7:01 pm


With a thousand lies and a good disguise

La música lentamente comenzaba a aturdirla. No era su género preferido, debía admitirlo. Eso, sumado al griterío que provocaba el comienzo de cada canción de moda hacía que Foxx apretara la mandíbula y suprimiera sus deseos de comenzar a golpear a las personas que allí se encontraban. Hacía unos segundos había visto al primer novio que había tenido en Manhattan. Hijo del dueño de una corredora de propiedades que trabajaba a nivel internacional. Su familia, hablando vulgarmente, cagaba dinero. Un chico muy tonto, pero muy atractivo. Alto, de cabello negro rebelde, ojos azules penetrantes, musculoso desde que era pequeño y extremadamente encantador. Foxx nunca lo había soportado, pero el salir con él le había ganado que su madre le comprara un amplificador nuevo para su guitarra, por lo que continuó haciéndolo por un tiempo más tan sólo porque le convenía. A Amelia no le gustaba usar a las personas, pero sabía qué tenía que hacer para ganar sus batallas. Sin embargo, Foxx no tenía ningún tipo de problema en utilizar a alguien. Para Foxx, las personas eran descartables. Los ponía a todos en la misma bolsa de basura, los iba acumulando y cuando la bolsa se llenaba, la tiraba. Así de simple. Amelia siempre había sido más sentimental, pero Foxx era otra persona. En ocasiones se preguntaba si en algún momento Amelia volvería a salir a flote, pero enseguida se respondía que no. Amelia había muerto junto a su abuelo, y ahora Foxx iba a encargarse de vengar esas dos muertes.

En cuanto el bartender le dio el trago, regalándole una sonrisa de galán (a la cual ella no correspondió), escuchó un bufido. Miró a su lado justo a tiempo para alcanzar a ver al rubio recorriendo su cuerpo con la mirada para luego volverse al muchacho que la había atendido anteriormente y pedirle hielo. Frunció el ceño, irritada, y dejó su bebida en la barra, cruzándose de brazos.
- Disculpa, ¿hay algo en mi vestido que te moleste? -preguntó entre dientes, sonando tal vez un poco más agresiva de lo que deseaba.  

Se había dicho a sí misma que esa noche actuaría como una tonta plástica más de la multitud. Que cualquier chico que se le acercase conocería a una muchacha hueca, graciosa, borracha, adinerada y deseosa de seducir a toda costa. Y, sin embargo, acababa de empezar con el pie equivocado. Las primeras palabras que le dirigía a alguien en el interior de la discoteca habían sido soltadas con un dejo de cólera, dejando ver que no estaba ni borracha, ni era graciosa, ni pretendía seducir al rubio. Un bufido y una mirada habían bastado para que ella se cabreara. No era difícil cabrear a Foxx, a decir verdad, era una tarea extremadamente fácil, pues ella vivía enojada con la vida y el mundo en general. Pero cuando estaba centrada en una misión, cuando sabía que había algo que hacer, se metía en el papel y era una maestra del disfraz y la actuación.

Tal vez ese era el problema. Que aún no descifraba qué era lo que la había llevado a ese lugar. No había definido bien a su personaje, no había moldeado bien en su mente quién sería esa noche. Tenía que aclarar sus ideas, fijarse un objetivo e ir tras él. Trazar un plan en su cabeza, saber qué era lo que quería y cómo lo quería. Pero primero, debía arreglar ese tropezón con el que acababa de comenzar.

Le dio un trago a su bebida, disfrutando del dulce sabor de aquella mezcla y volvió a depositarlo en la barra. Cerró los ojos por unos segundos y volvió a mirar al rubio.
- Lo siento, eso fue descortés. Mi nombre es Roxanne -dijo con diplomacia, diciendo el primer nombre que se le vino a la mente y uno que le sentaba muy bien esa noche, y esbozó una ligera sonrisa amable.  

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Re: With a thousand lies and a good disguise ▬ ross krumm.

Mensaje por Ross Krumm el Miér Jul 16, 2014 9:31 pm

El calor comenzaba a hacer que la chaqueta de semi cuero se le pegara a la piel descubierta de sus brazos y podía sentir como un par de gotas le recorrían el cuello, deslizándose hasta llegar al borde de su camisa gris. Tenía una necesidad inexplicable de quitarse aquella chaqueta de encima, una necesidad ya no solo provocada por el alcohol, sino por el peso que le provocaba el par de anfetas en su bolsillo, era como si de repente pensaran diez kilos y tuviera que caminar inclinado hacia esa dirección. Podía simplemente introducir aquella bolsita de pastillas en el bolso de alguna de las chicas que se le acercaban, introducirse en la pista, fingir que disfrutaba mientras bailaba con alguna de ellas y en un momento de descuido por parte de la otra, dejar el paquete en su bolso, y desaparecer después de un par de segundos para disimular la situación. De igual manera, aunque aquel material no valía la pena, desperdiciarlo de aquella manera era un gasto que a su bolsillo le dolía. A Ross no le gustaba malgastar, ni desperdiciar el dinero inútilmente, se gastaba el dinero en lo que necesitaba –sus caprichos eran necesidades- pero aquello sería una manera estúpida de perder ya no solo dinero, sino tiempo. Maldita discoteca de pijos, pensó frustrado, bufando una vez más. Y lo fácil que habría resultado vender las anfetas de haber estado en alguno de los clubes de mala muerte que solía frecuentar en Manhattan y en Brooklyn, deshacerse de eso sin perdidas le habría costado solo un par de minutos, sin embargo, allí…
Mientras esperaba el hielo, miró un momento a su alrededor, preguntándose quienes de los presentes tenían apariencia de querer probar cosas nuevas. Seguramente más de la mayoría ya habría probado aquello pero lo negaban porque estaba mal visto, y seguro que alguno más quería volver a caer. Difícil no resultaría acercarse a algún grupito de adinerados con poco potencial en la mente y comerles un poco la cabeza. Pero no podía arriesgarse a ello en aquel sitio, no con sus colegas allí y con la posibilidad de ser pillado por los seguratas. Una voz a su lado le saco de sus pensamientos, miro hacía esa dirección una vez. Casi se había olvidado de la morena a su lado con aquel diminuto vestido. Alzó una ceja al escuchar su comentario y la miró con incredulidad durante un segundo. No le dio importancia a sus palabras, sino al tono en el que lo había dicho, nunca imagino que ninguna de las mujeres allí presente supiera utilizarlo correctamente. – Oh, ¿así es como le llamáis? – pregunto de forma retórica mientras asistía un par de veces y rodeaba los ojos, pensando en el asusto. Podía parecer una estupidez, pero se había pasado media hora de su vida discutiendo sobre ello con un grupo de hombres y para ellos había sido un tema muy serio. Sí, a veces los hombres eran así de sencillos. ¿Cómo logran meterse allí dentro?, había preguntado uno, lo que había hecho estallar en carcajadas al alemán. – Ninguno, dulzura. – finalizó después de un par de segundos en silencio. Las mujeres difíciles, como a él le gustaban, que se hicieran respetar, parecían estar extinguiéndose.
Se aclaró la garganta, volviéndose al camarero detrás de la barra cuando le trajo el vaso con hielos. Vertió un poco de whisky y se llevo el vaso de vidrio a la boca. Aquella bebida fría le sentaba mucho mejor. La frescura y el ardor atravesándole la garganta le hacía evadir el calor y la posible evaporación que estaban sufriendo sus brazos bajo aquel trozo de cuero negro. Iba a tomar la botella y largarse de nuevo a la mesa con sus colegas para emborrarlos con aquello cuando la voz de la muchacha llegó una vez más a él. Cerró los puños sobre la mesa y la observo con curiosidad, estudio su sonrisa, sus gestos y los suyos propios se tornaron en unos que mostraban desconfianza, con el ceño fruncido y la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado. – Que cambio más curioso, ¿no? Hace un momento parecía que ibas a reventarme el vaso en la cabeza y ahora me pides disculpa por un simple comentario. – inquirió en apenas un susurro audible, entrecerrando los ojos. – Roxanne, ¿qué escondes? – pregunto, esta vez sonriendo. Había pocas cosas que le llamaban la atención a Ross, y jamás pensó que allí dentro encontraría una que lograra hacerlo.
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Re: With a thousand lies and a good disguise ▬ ross krumm.

Mensaje por Foxx Ballato el Jue Jul 17, 2014 12:49 am


With a thousand lies and a good disguise

Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no romperle la cara a golpes al rubio al escuchar su respuesta cuando ella habló ofendida. Especialmente cuando le dijo "dulzura". La palabra quedó resonando en su cabeza, como un eco, con mayor fuerza que la música del interior de la discoteca, haciendo que poco a poco comenzara a ponerse más y más furiosa. Si hubieran estado en un callejón, Foxx ya estaría sobre él, enseñándole que de "dulzura" ella no tenía nada. El rubio no era más que otro ricachón que se pensaba que era más que los demás, probablemente. Frunció los labios y apretó los puños, no podía darse el lujo de perder el control en aquel momento, en aquel lugar. Ella era una mujer de instintos, sí, que actuaba y luego pensaba, pero sabía bien que habían ciertas situaciones en las que debía proceder con inteligencia y tranquilidad. Y esa noche no podía permitir que nadie la descubriera. No podía revelar nada de ella. Esa noche ella no era Amelia, pero tampoco era Foxx. Esa noche, al parecer, era Roxanne.

Entonces surgió la pregunta, ¿quién era Roxanne? Y aún más importante, ¿qué buscaba Roxanne? Frente al rubio, Roxanne tendría que ser un personaje bien definido, pues el chico era un desconocido pero que probablemente no estaba solo. Eso lo dedujo al ver que tenía una botella en mano, en lugar de tan sólo un vaso. Así que tenía que mostrar una actuación convincente para que, si sus amigos le preguntaban qué había estado haciendo mientras había ido a buscar la botella, podría decirles que había estado hablando con "una tal Roxanne" en lugar de "con una tía que no se acordaba ni de su nombre". Quería que se corriera la voz por el lugar, que todos supieran que la chica morocha de la barra se llamaba Roxanne. Así, si en algún momento llegaba a frecuentar nuevamente a ese lugar, tendría una identidad formada. Un nombre con una cara, con un distintivo. La morena, Roxanne.

Se sintió más confiada al pensar en eso, mientras clavaba la mirada en algún punto distante. Al saber que era otra persona esa noche, que no ponía en riesgo a los lobos ni a su propia identidad. Estaba a punto de olvidarse de la presencia del rubio, tomando otro trago de su vaso, cuando escuchó ese susurro. Como un secreto íntimo entre ellos dos. Frunció el ceño levemente y esbozó una pequeña sonrisa ladeada, divertida ante el comentario.
- ¿No es más entretenido cuando las personas son impredecibles? -dijo tranquilamente, reflexionando sin mirarlo aún, llevando sus palabras a un nivel mucho más alto, como si en realidad hubiesen estado hablando por horas en profundidad acerca del tema. Lo cierto era que, sin importar si se trataba de Amelia, Foxx o Roxanne, ella nunca había sido muy buena en las conversaciones superficiales y banales. Siempre tomaba algún punto de la conversación para transformarla en una más profunda, para poder hacer un análisis o sacar algo provechoso.

Al escuchar su pregunta, las dos enormes esmeraldas verdes que tenía por ojos viajaron a la velocidad de la luz a los ojos del chico y se clavaron allí, preguntándose por unos segundos si acaso él sabía más de lo que creía. Pero el muchacho tenía facciones bien marcadas y fáciles de reconocer, no era un rostro que pudiese pasar desapercibido, por ende, no creía que él supiera mucho más de lo que ella sabía de él. Es decir, absolutamente nada.    
- Adivina, adivinador -respondió sin borrar su sonrisa, con un tono desafiante. Esas palabras eran las correctas, supuso, ya que no revelaban nada. No decían que no escondía nada, pero tampoco decían que sí lo hacía. No le otorgaban ningún tipo de información, nada que la pudiera comprometer. La respuesta perfecta para una pregunta peligrosa. Si Foxx tenía suerte, el rubio sería tan o más tonto de lo que parecía y simplemente se largaría de allí.

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